Chapter Text
—Y entonces, el Rey Vampiro tomó al último secuaz del estúpido hombre pájaro. Un peluche poseído por fuerzas oscuras ¡y lo hizo arder en sus manos!
Exclamó la voz espectral en la oscuridad de la habitación.
—Caminó hacia el pajarraco qué tenía sus plumas, antes negras como la noche, teñida en sangre carmesí, si los vampiros tuvieran reflejo seguramente la imponente forma del Rey se vería en el charco de ese líquido vital. Levantó su espada y con un movimiento rápido ¡cortó la cabeza de su cuello! —Hubo un momento de silencio— Y entonces finalmente pudo sentir que podía volver a respirar. Se acercó a la jaula qué había en el fondo de la habitación, donde estaba cautiva su amada. Una elfa, de piel morena, ojos como el oro y un exótico cabello violeta... Su corazón hacía milenios qué no bombeaba sangre, pero al verla pudo sentirlo latir de nuevo.
—El rey se apresuró a sacarla de su encierro y con la llave que había obtenido de las manos de la secuaz de cabello verde pudo liberarla. En cuanto abrió la jaula saltó a sus brazos, lágrimas de felicidad corrían por sus mejillas y susurró a su oído.
—Sabía que si vendrías por mí...
Él la envolvió en sus brazos, pegandola a su cuerpo con fuerza y le respondió. —Jamás podría dejarte, no cuando lo eres todo para mi...
—Y así fue como el rey recuperó a su reina y juntos gobernaron sobre todas las tierras, con mano de hierro y opacando al sol con lo intenso y brillante de su amor... ¿Te gustó la historia, querida?
"La elfa" se estiró en su cama, sus ojos se veían adormilados pero aún estaba atenta a la historia que le habían contado. —Si duda fue una interesante historia para la noche —un bostezo escapó de sus labios y una risita satisfecha se escuchó en su cuarto.
—Me alegro de oír eso, amada mía, prometo traerte historias mejores la siguiente semana vez.
—Oh, eso sin duda mantendrá mis noches entretenidas —se dio la vuelta en su cama y se arropo— en fin, ya deberías irte, mañana tengo... Cosas que hacer.
La voz tomó su intento por ocultar lo que tenía que hacer como una mala señal. Seguramente ese pajarraco la estaría explotando. —No te preocupes, linda, pronto iré por ti, no dejaré que él te provoque más angustia. Cada día que pase estaremos más cerca de vernos, hasta entonces, descansa, mi amada.
La voz desapareció de a poco en la oscuridad y Artai volvió a sentir que era el único en la habitación. Se acomodó en una posición cómoda para dormir y murmuró —buenas noches a ti también, vampiro cegatón —y así se quedó dormido para enfrentar otro día.
