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Los ojos de Strahd se abrieron con incredulidad al ver el cuerpo de su amada debajo de él.
Al finalmente "tenerla" en sus manos esperaba por fin "hacerla suya" en alma y cuerpo. Pero lo que se encontró debajo de su vestido... No era lo que esperaría de su reina.
—¿El gato te comió la lengua, pequeño murciélago? —preguntó con sarcasmo Artai, dejando de fingir la voz femenina.
—Tú... me engañaste...
—A buenas horas te das cuenta, bien dicen que mejor tarde que nunca.
Strahd estaba confundido. Había sido tomado por to to, le había hecho el honor de convertirle en vampiro directamente, le visitó en su habitación después de muerto, maldita sea, ¡regresó de la muerte solo para verle!
Levantó la vista y se encontró con esos ojos dorados que le encantaban. —Supongo que todas esas noches hablando contigo me terminaron dejando a tus pies...
Artai lo miró atentamente y levantó su mano para acariciar su mejilla. —Cielos, realmente tienes un pésimo gusto para todavía decir que me amas con tanta seguridad.
El agarre del vampiro se volvió más firme en su cintura —No te atrevas a decir eso. No toleraré que alguien falte al respeto a la persona que más amo —se inclinó cerca de su oreja puntiaguda y susurro con un toque de posesividad— ni siquiera tu mismo.
Un escalofrío recorrió la espalda de Artai al oír sus palabras. Acarició el cabello azabache del vampiro y lo miró con una leve sonrisa —tu si que estás condenado, no tienes remedio para dejar de ser un tonto enamorado.
—Dependiendo de a quién le preguntes, eso podría ser una parte esencial de mi —se burló cinicamente— pero honestamente, no renunciaria a lo que siento por ti. Ni siquiera por el control de todas las tierras del mundo, nada se compara a este momento, a la sensación de finalmente tenerte en mis brazos.
—Maldita sea —suspiró Artai— si sigues con eso terminaras haciendo que me lo crea.
Strahd sonrió con picardía —Ese es precisamente mi plan, querido, lo diré todas las veces que sea necesario hasta que lo entiendas. Después De todo, tengo una vida eterna por delante.
Y con eso, Strahd se inclinó para besar los labios del elfo oscuro. Eran más suaves de lo que había soñado,no podía esperar a besarlo cada día de su vida.
