Chapter 1: Jonathan y Dio
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Dio era popular y lo sabía, tenía una belleza y carisma que atraían las miradas hacia él, era inteligente, ambicioso y persistente para obtener sus objetivos. Esas características era suficiente para que nadie prestará mucha atención al hecho de que él estaba en esa escuela gracias a una beca.
Por eso cuidaba su imagen, tal vez demasiado.
Lo suficiente para moverse sigilosamente y por los pasillos menos concurridos hasta la habitación del club al que pertenecía, un club de Dungeons and Dragons.
Eso era tan nerd, nadie habría pensado que él participaría en algo así, él mismo se había burlado del hobby en el pasado. Pero esos malditos dhampir eran tan interesantes que cuando el líder del club se los mencionó para que se animará a participar acabó aceptando.
Maldito sea ese sujeto, que se había aprovechado sin saber de su interés especial por los vampiros para convencerlo de unirse.
Abrió la puerta y entró rápidamente antes de que alguien lo viera.
—Dio, justo a tiempo como siempre —dijo Erina, la única chica del grupo.
Dio tomó su asiento con una cara de pocos amigos. —No lo suficiente por lo que veo.
Ya todos estaban ahí, Erina Pendleton y Robert Speedwagon, los primeros miembros, del lado derecho de la mesa. A la izquierda estaban Vanilla Ice y Enrico Pucci, lo más cercano que Dio tenía a unos "amigos", aunque Dio los veía más como seguidores leales, a los que Dio había hecho entrar al club para sentirse menos ñoño por estar ahí.
Y a la cabeza de la mesa estaba el líder del club, Jonathan Joestar, sonriendo al ver a Dio frente a él al otro extremo de la mesa.
—No es una competencia, Dio, todos estamos aquí para divertirnos un rato ¿no?
—Yo estoy aquí porque Dio me lo pidió, al igual que Pucci —espetó Vanilla.
—Tal vez al inicio, pero igualmente tu fuiste el primero en llegar, ya van varias veces le ganas a incluso Jonathan en puntualidad —respondió Speedwagon con una sonrisa de suficiencia.
—Vanilla, puedes admitir que te gusta jugar, siempre tomas iniciativa a la hora de tirar primero —continuó la chica rubia, sin una pizca de malicia.
El hombre solo hizo un gesto con la mano, como si con eso pudiera ignorar que lo atraparon en su mentira. —A igual, eso no quita que no vine aquí por voluntad.
Pucci miraba al mapa de una mazmorra frente a ellos, con todas las figuras de sus personajes y elementos del escenario puestas. —¿Van a seguir discutiendo por quién es obligado a jugar contra su voluntad o vamos a seguir donde lo dejamos?
—Estoy de acuerdo —asintió Jonathan—. Dio, tu fuiste el único que no alcanzó a realizar una acción la última vez, ¿tu dhampir va a hacer algo contra los enemigos?
—... Voy a usar mi daga, pásame los dados.
El chico de cabello azul le arrojó los dados y él los atrapó antes de que tocarán la mesa. Jonathan le sonrió al verlo agitar los dados antes de tirar.
"Borraré esa estúpida sonrisa de tu cara uno de estos días, Joestar", pensó Dio, aunque después de tantas partidas juntos su repudio contra Jonathan había bajado considerablemente.
Pero él preferiría perder su maldita beca antes que reconocerlo.
Chapter 2: Gyro y Johnny
Notes:
No pensaba escribir otro capítulo esto inmediatamente después de publicar el primero, pero oh hermano, estos dos han estado en mi cabeza desde que se expandió la idea de este AU así que no tuve opción
Simplemente es muy adorable pensar en estos dos haciéndose promesas infantiles y queriéndose mucho aunque aún no sepan muy bien que se gustan
(See the end of the chapter for more notes.)
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Gyro intentaba leer el libro frente a él pero era imposible. Por más veces que pasará su vista sobre el párrafo simplemente no lo leía, solo pasaba las palabras sin realmente procesarlo, todo porque dejó sus medicamentos en su cuarto, otra vez. Su hermano mayor Caesar y el abuelo William le darían un regaño al llegar a casa
Finalmente se rindió, cerró el libro y comenzó a mirar a su alrededor, estaba en el salón de clases para niños con necesidades especiales de la escuela, en el área de secundaria.
La mayoría de compañeros de clase le eran básicamente desconocidos, Gyro no era mucho de interactuar con otros, ubicaba al chico ciego de su clase y por supuesto conocía al idiota de Diego, con su hiperfijación con los dinosaurios y su pasión por fastidiarlo a él y a su amigo.
Y hablando de su amigo, a unos pasos de Gyro estaba Johnny Joestar, su mejor amigo desde que lo inscribieron en esta escuela al entrar a primaria. Era difícil saber quién se apagó a quién en un inicio. Johnny había empezado a seguir a Gyro por los pasillos en su silla de ruedas, pero fue Gyro quien le habló primero y había seguido haciéndolo para compartir sus chistes tontos.
Gyro se levantó de su asiento y se sentó al lado de Johnny, que estaba enfocado escribiendo algo en su cuaderno.
—JoJo, ¿dormiste anoche? Tus ojeras otra vez están muy marcadas.
El chico se tocó la piel bajo los ojos, para ser joven tenía unas ojeras oscuras bajo sus ojos azules.
—Ah... No realmente, el viernes mi papá llamó diciendo que ya no podía seguir quedándome en casa del primo Jonathan, llegando a casa me reprendió por ser una molestia para el resto de la familia, hasta que Nicholas me defendió...
Gyro apretó el puño. Sabía que la situación en casa de Johnny era mala, su padre lo menospreciaba constantemente por su discapacidad y sus demás problemas psicológicos.
—Tu papá es un imbécil en toda regla —afirmó en voz baja, para que la maestra no lo reprendiera por su lenguaje.
—Lo se, pero Nicholas está ahí para mi, y mi padre lo quiere demasiado como para no insistir luego de que el interviene, estaré bien.
Ni siquiera Johnny soñaba muy convencido de sus palabras, pues obviamente su hermano no estaría siempre para él, Johnny tenía 12 años y Nicholas 17, faltaba poco para que se fuera a la universidad y entonces quedaría solo con su padre.
Gyro sin pensarlo tomó la mano del chico más pequeño, haciendo que su amigo finalmente lo mirará a sus ojos.
—Recuerda, Johnny, cuando crezca seré un cirujano de renombre como lo fue mi padre y entonces nos iremos a vivir juntos y lejos de tu estúpido padre.
No era la primera vez que Gyro le prometía tal cosa, llevaba ya un par de años haciéndole la misma promesa cada que Johnny se veía especialmente deprimido.
—... Tendrás que esforzarte mucho para poder leer esos pesados libros de medicina sin frustrarte por no pones procesar lo que tienes en frente.
—Oye, no te burles, cuando tomó mi adderall soy básicamente invencible —dijo con orgullo.
Johnny igualmente se burló un poco más de él, molestándole porque igualmente se olvidó de traerlo a clases otra vez.
Pero aún con las burlas apretó la mano de Gyro, pues su contacto siempre le resultaba reconfortante, haciéndole sentir seguro.
Por dentro, le hacía mucha ilusión que Gyro cumpliera su promesa. En realidad, ese era su único plan a largo plazo y era suficiente para darle una razón para abrir los ojos cada mañana.
Hasta entonces, era feliz con solo escuchar a Gyro parlotear sobre sus planes a futuros y como Johnny estaba en todos ellos.
Realmente se querían, pero aún eran muy jóvenes y tontos para abordar esos sentimientos, al menos por ahora.
Notes:
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