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Encinta

Summary:

Miguel está esperando un hijo ¿el culpable? Su pareja, Gabriel, ahora esos dos recibirán una cátedra sobre crianza.

Notes:

Esto lo escribí hace mucho mucho tiempo, cuando a penas estaba desarrollando mi versión de los arcángeles y como funciona su mundo pero lo dejé en pausa entre mis archivos durante un año entero

Año en el qué escribí más cosas de estos dos y mi visión de ellos, por lo que llegó cierto punto donde esto ya no tenía coherencia con lo que ya había establecido en otras historias y honestamente también me daba bastante pena lo que ya llevaba, así que me rendí con la idea de terminar esta historia y simplemente cerré con la última escena qué había hecho.

Si quieren ver algo mejor trabajado de este par pueden ir a mi Ao3, el link directo está en la descripción de mi perfil jajaja!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

A pesar de los años que han pasado y de que el cielo se cerró deteniendo así la intervención directa de Dios y los seres celestiales en los asuntos mortales muchas tropas de ángeles todavía entrenan para enfrentarse a las fuerzas del infierno además de que debían estar preparados pues el juicio final podría empezar en cualquier momento.

Normalmente nada los distraía durante esos momentos. Pero ahora todos los ángeles luchaban por mirar al frente y no a su comandante. El arcángel Miguel.

No es que tuvieran algo en su contra el día de hoy, al contrario, admiraban que todavía se presentará a los ejercicios aún en su condición. Aunque a juzgar por su comportamiento muchos empezaban a creer que tal vez, solo tal vez, él era genuinamente ignorante a lo grave de su situación.

Miguel siempre que participaba en sus entrenamientos llevaba puesta su armadura, pero el día de hoy fue la excepción. Solo llevaba la mitad de la misma pues no traía puesta su coraza, posiblemente porque no le quedaba. Por lo que llevaba puesta lo que parecía una de sus túnicas normales pero cortada a la mitad. Lo malo era que estaba hecha de una tela delgada y que se levantaba fácilmente por sus movimientos, dejando que todos vieran su vientre ligeramente abultado.

Si, definitivamente su comandante estaba en cinta.

El entrenamiento se vio interrumpido por Chamuel que se acercó volando a su amigo. —Hey, Miguel, lamento molestarte mientras estás ocupado pero a Metatrón le urge hablar contigo y con Gabriel.

Miguel levantó una ceja intrigado. —¿Con los dos? Eso es extraño, ¿de qué querría hablar con tanta urgencia con ambos?

Los ojos de Chamuel pasaron de su cara a su vientre y a su cara otra vez. —¿Es una broma verdad?

—¿Por qué lo sería? —le respondió con su serena actitud de siempre.

Un silencio sepulcral se adueñó de la arena de entrenamiento. Los ángeles guerreros no sabían si estar divertidos por lo denso que podía ser su comandante a veces o estar genuinamente preocupados.

—Oh, amigo... De verdad espero que el todopoderoso sostenga tu alma cuando te des cuenta.

Miguel no entendió a qué se refería pero no pudo preguntarle pues él ya se había elevado con sus alas y le hacía señas para que le acompañara.

 


 

Miguel fue llevado a la esfera celestial donde se encontraba el palacio de Dios pero fue guiado por Chamuel a una zona apartada de donde estaba en su trono. No tardó en distinguir a lo lejos a Metatrón que lucía impaciente mientras parecía reclamar por algo y a Gabriel que estaba con la cabeza gacha solo escuchando sin decir nada.

—Muy bien, hasta aquí te acompaño yo —le dio una palmada en su hombro, de la misma manera en la que hacen los humanos para dar apoyo a alguien que ha pasado o está por pasar algo difícil—. Suerte amigo y por favor intenta no estresarte mucho, no se que tan bueno sea eso para ti ahora.

Con eso se retiró dejando a Miguel algo confundido con eso último que dijo. Todos parecían actuar extraños a su alrededor el día de hoy.

Se acercó a donde estaban los dos ángeles e hizo una reverencia al encontrarse con el escriba de Dios. —Metatrón, es un gusto encontrarme con usted, aunque he de admitir que me extrañó la urgencia con la que pidió mi presencia.

Metatrón también hizo una ligera reverencia aunque su boca se fruncía en una mueca de disgusto y si sus ojos no estuvieran cubiertos por una venda dorada estaba seguro que sus ojos transmitirían la misma emoción.

—No te tienes que preocupar por eso, Miguel, esta reunión será algo breve. Pero dime, ¿cómo te has sentido últimamente? ¿Hay algo que quieras compartirnos ahora que estamos en privado?

Gabriel levantó la mirada y Miguel notó que él se veía casi afligido, algo que lo preocupó y por mera costumbre buscó tomar su mano para reconfortarlo. —No realmente, he cumplido con todas mis responsabilidades sin percance alguno y mi estado de ánimo tampoco se ha visto afectado de manera negativa.

Hubo un silencio parecido al que ocurrió en la arena de entrenamiento, esto ya empezaba a ser demasiado para ser solo una coincidencia.

Metatrón se frotó el arco de la nariz. —Señor, dame paciencia por favor. Miguel, ¿acaso no eres consciente de la hinchazón en tu vientre?

Miguel se miró algo apenado por lo que, según él, era una subida de peso por su vagancia. —Si lo he hecho, por eso mismo me he esforzado más en mi entrenamiento, temo que me he vuelto complaciente y he descuidado mi bienestar espiritual lo que se refleja en mi apariencia. Por eso he empezado a hacer mis entrenamientos desde temprano, ejercitándome en espíritu para volver a mi físico anterior.

—¡¿Tú qué?! —Gabriel parecía horrorizado, como si hubiera dicho que había intentado arrancarse las alas o algo así— ¡Eso fue tremendamente irresponsable, pudo haber ocurrido algún accidente!

—¿Por qué estás tan exaltado? Solo eran unos ejercicios de calentamiento matutino.

Metatrón en ese momento intervino. —Miguel, ¿de verdad eres ignorante de tu estado? Tu vientre no está así por acumular grasa, es porque fuiste impregnado por Gabriel.

Los ojos de mirada tranquila de Miguel se abrieron en sorpresa. Sus manos se posaron en su vientre abultado para tocarlo con caricias ligeras, casi temiendo presionar demasiado y dañar lo que en él se desarrollaba, ahora se sentía tan idiota.

Miró a Gabriel en busca de consuelo y este no dudó en envolverlo en sus alas. —Entonces dinos exactamente porque nos llamaste —habló por fin el ángel— me habías dicho que nos reuniste para hablarnos en nombre de Dios.

—Así es, el señor me encargó darles a ustedes el aviso de que serán dados de baja por paternidad de las fuerzas celestiales.

—¡¿De baja?! —exclamaron los dos a la vez luciendo aterrados.

—¿Pero que se supone que haremos Miguel y yo? Somos arcángeles, no podemos solo dejar nuestras tropas como si nada.

—Ya se han asignado reemplazos temporales que tomen su lugar, los ángeles a su cargo no se quedarán sin guía. También, el otro mensaje que les envía el señor es que a ti, Miguel, se te retirarán tus alas hasta que hagas tu puesta.

A Miguel no se le dio siquiera tiempo de reaccionar antes de qué las plumas de sus alas comenzarán a caer y ni siquiera la estructura de sus alas quedaba debajo. Gabriel intentó agarrar sus plumas antes de que cayeran al suelo pero fue inútil pues el viento se llevó la mayoría de ellas.

El príncipe de los ángeles se quedó inmóvil dónde estaba, se sentía despojado de su identidad y no sabía cómo debía actuar a continuación.

—Lo siento por eso, pero créeme que cuando tu cuerpo siga cambiando lo agradecerás, es la única forma en la que encontrarás algo de comodidad. Será algo temporal, cuando te alivies volverán a emerger de tu espalda.

Él solo asintió sintiéndose derrotado por primera vez en su vida.

—Bien, ya pueden retirarse, tomen esto como unas pequeñas vacaciones.

Metatrón emprendió el vuelo en dirección al palacio. Gabriel no pudo evitar mirar por encima de su hombro con una mueca de disgusto. —De verdad que puede ser tan desvergonzado a veces —miro a su amado que se mantenía en su lugar sin reaccionar—. Oh, querido... 

Se acercó al arcángel pelirrojo y lo cargó en sus brazos, no puso resistencia alguna, igualmente iba a tener que depender de él ya que no tenía sus alas para volar. 

Emprendió el vuelo en dirección al castillo de Miguel, lo suficientemente alto como para estar lejos de la vista de los ángeles que volaban a un nivel más bajo, pues no quería que nadie viera a su amado en este estado tan vulnerable.

Al llegar bajó hasta el balcón de su alcoba para entrar y dejarlo directamente en su cama compartida. Miguel se dejó arropar por él mientras miraba el techo con la mirada ida.

A Gabriel le dolía verlo así y no pudo evitar sentirse responsable por su dolor. —Lo siento tanto, Miguel...

—... ¿Por qué te disculpas...? —murmuro solo mirándolo de reojo.

—Por esta situación, si hubiera sido más consciente y me hubiera dado un sistema reproductivo estéril como se debe no tendrías que pasar por esto.

—No cargues con el peso de toda la responsabilidad. Una nueva vida se hace entre dos personas, yo también actúa sin medir las consecuencias de mis actos y también me dí la capacidad de procrear. Ahora me toca aceptar la situación tal como es —en ese momento pudo ver en la mirada de su pareja una gran duda por la situación y eso hizo estremecer su espíritu—. ¿Acaso no quieres tomar esta responsabilidad...?

Gabriel se arrodilló junto a la cama en cuanto vio el pinchazo de dolor en sus ojos y tomó su mano entre las suyas. —¡No es eso! Jamás podría desligarme de mis responsabilidades como futuro padre y abandonarte cuando más me necesitas —le aseguró con firmeza— mis dudas son solo respecto a que haremos a partir de ahora. No teníamos nada listo para la llegada de un pequeño angelito.

Miguel se soltó de su suave agarré y le dio la espalda. —Ya pensaremos en algo más tarde, nos han dado de baja de nuestros cargos de todas formas. Ahora solo quiero descansar, Gabriel.

La sensación del rechazo le cayó como agua fría de una cascada. Pero sabía que era mejor obedecer la petición de Miguel. —Muy bien. Saldré un momento pero volveré antes de que caiga la noche, ¿quieres que te traiga algo a mi regreso?

Miguel ignoró su pregunta y Gabriel se fue sintiéndose afligido por la situación.

 


 

El golpeteo incesante en su puerta ya estaba sacando a Rafael de quicio, le disgustaban los ángeles impacientes y este estaba colmando su paciencia.

—¡Si si ya voy, te escuché desde el primer momento! —de mala gana abrió la puerta de su hogar y se sorprendió al ver a su amigo parado en la entrada— Gabriel, ¿qué haces a-?

El mensajero de Dios entró sin siquiera esperar una invitación y se dejó caer en el sillón del recibidor sujetando su cabeza —Estoy desesperado, Rafael, necesito tu ayuda o perderé la razón.

—Oye, ¿qué ocurre amigo? Te ves terriblemente angustiado.

—Embarace a Miguel.

Rafael se quedó frío al oírlo. —¿Ha-hablas en serio? ¿Entonces no era solo un rumor?

—¿Ya te habías enterado 

—Pues sí, desde hace un mes había escuchado el rumor, pero creí que era solo eso. ¿Cómo pasó? Se supone que aunque nos demos genitales nosotros nos quedamos estériles.

Gabriel bajó la mirada avergonzado. —A Miguel y a mí se nos olvidó ese último detalle...

El arcángel de la sanación lo miró incrédulo. Se acercó a él y levantó su rostro de un jalón de su cabello. —¡¿En qué estabas pensando?! Este tipo de errores son aceptables viniendo de ángeles del noveno coro. ¡Pero no de un arcángel como nosotros!

—¡Aghh! ¡Si lo entiendo y ya estamos pagando las consecuencias! —como pudo se soltó del agarre del arcángel castaño— Nos han dado de baja de nuestros cargo en las tropas celestiales hasta nuevo aviso y a Miguel le quitaron sus alas. Ambos ya vimos la magnitud de nuestro descuido.

—Dime que eso es una broma. Por el amor de Dios, ¿cómo pudieron ser tan inconscientes? —se frotó la frente previendo que esto le iba a causar una migraña— Olvídalo, ya hablaremos de eso después ¿cómo está Miguel? Esto no ha de ser nada fácil para él.

—Está bastante molesto y en parte es mi culpa.

—¿Solo en parte, preñador serial?

Gabriel rodó los ojos —Muy bien, en gran parte es mi culpa. Pero el caso es que no se que hacer, nunca he conocido a ningún ángel que haya estado en esta situación. Por eso vine a buscar tu ayuda, se que tu has atendido a los ángeles que han quedado encinta.

—Si así es, ¿entonces quieres que atienda a Miguel cuando llegue la hora de la puesta?

—En realidad esperaba que pudieras quedarte en el castillo durante todo el embarazo, Miguel y yo necesitaremos toda tu ayuda.

Rafael suspiró resignado. Sabía que no tenía elección en esto. —Muy bien, lo haré ¿pero puedo traer algo de ayuda extra?

Gabriel asumió que se refería a sus ángeles que le ayudaban en sus trabajos como sanador. —Por supuesto, te estaría muy agradecido si lo hicieras.

—Está bien, entonces tomaré el resto del día para prepararme, estaré ahí a más tardar mañana por la tarde.

El ánimo de Gabriel mejoró con eso. —Gracias, Rafael, no sabes la seguridad que me da saber que estarás con nosotros en estos meses venideros.

—No me agradezcas, ustedes no son solo mis superiores, son mis amigos, no podría vivir conmigo mismo si les diera la espalda cuando más lo necesitan. ¿Te gustaría tomar un poco de té antes de volver con Miguel?

—Me encantaría, realmente necesito algo para relajarme.

 


 

Gabriel volvió al castillo de Miguel aunque esta vez entró por la puerta principal, pues si Miguel seguía descansando no quería despertarlo con el batir de sus alas. Abrió la puerta de la recámara y vio a Miguel profundamente dormido.

Entró y cerró la puerta con cuidado para dejarlo descansar. Se acercó a él y se quedó mirándolo con atención, parecía que en algún momento se había levantado para asearse y cambiarse pues su cabello seguía húmedo. También había cambiado su armadura por una bata blanca para dormir.

Le quitó algunos mechones de cabello que cubrían su rostro y le dio un beso rápido en los labios. Retiró suavemente las mantas que lo cubrían para no despertarlo y se arrodilló para ver mejor su cuerpo. Podía ver la leve curvatura de su vientre, todavía era notorio pero era claro que no debía tener mucho tiempo de embarazo. —Pido perdón por mi atrevimiento... —soltó esa disculpa al aire antes de levantar la ropa de Miguel, dejándolo desnudo del pecho hacia abajo.

Gabriel se veía maravillado. Puso sus manos sobre su vientre sintiendo la calidez de la piel de Miguel bajo la yema de sus dedos. Su mirada se suavizó y se acercó para besar su vientre, la realización de lo que venía ya no se sintió aterradora, al contrario empezó a pensar en ella con emoción. —¿Me preguntó cómo serás? Sería bueno que heredes el la misericordia de Miguel.

—Yo preferiría que heredará tu espíritu noble.

A Gabriel casi se le saltan las plumas del susto al oír la voz de su pareja. —¡Miguel! Lo siento tanto, no era mi intención despertarte y... —miro como la bata de Miguel todavía seguía levantada hasta donde la dejó— puedo explicar esto...

—No tienes que hacerlo. Se que no lo hiciste con malas intenciones, además de que desperté cuándo estabas tocando mi piel encantado de sentir lo que se desarrolla en mi.

Gabriel estaba bastante rojo, lo que lo hizo reír. Su risa siempre sonaba tan hermosa como el coro de los serafines que alaban a Dios en su trono. —Aun así tengo que disculparme, no fue correcto de mi parte tocarte sin tu permiso.

—Yo también tengo que disculparme por como actúa cuando me trajiste, no tengo ninguna excusa por mi comportamiento. Fue mi error dejar que mis peores sentimientos tomaran el control de mi... —Miguel se veía genuinamente avergonzado por como rechazo a su amante, no era así cómo un arcángel debía actuar. 

Gabriel tomó su mano y lo miró con nada más que cariño en su ojos. —La falta también fue mía, tú eres quien carga con nuestro hijo y has recibido un gran cambio en tu vida por eso. En estos momentos debo de mostrar mi fortaleza y ser tu apoyo incondicional, no agobiarte más de lo que ya estás.

El príncipe de los ángeles se volvió tímido al oír sus palabras. —Ya que ambos nos equivocamos, ¿te parece que las faltas de ambos queden perdonados?

—Totalmente. Por cierto fui a pedirle ayuda a Rafael para que viniera a quedarse en el palacio y atendiera tu embarazo pues él ya tiene experiencia en eso.

—Eso está bien, aunque me apena un poco la idea de que él me vea en este estado vulnerable...

Gabriel se acostó a su lado y besó su frente. —No hay nada de qué avergonzarse, nos conocemos desde el inicio de todo. Él jamás podría pensar menos de ti por verte encinta.

Miguel se acurrucó en su pecho y se dejó abrazar por él. Gabriel envolvió una de sus alas sobre su cuerpo por costumbre pues solían dormir con sus alas entrelazadas. Este simple hecho pareció desanimar a Miguel al recordar cómo las había perdido.

—Está bien, querido, a partir de ahora yo seré tus alas, a donde quieras ir yo te llevaré, si nos atrapa la lluvia yo te cubriré y cada noche yo te seguiré rodeando con ellas, para recordarte que yo estoy aquí para cuidarte y amarte.

El calor subió hasta las mejillas de Miguel que no pudo hacer nada para ocultar el color en su cara. A Gabriel le pareció divertido y siguió molestándolo un poco más el resto de la noche.

 


 

—¡Cuando dijiste que traerías ayuda extra asumí que te referías a ángeles capacitados para este tipo de situaciones! —exclamó Gabriel viendo que Rafael había llegado acompañado de Zadkiel, Uriel, Jofiel y Chamuel.

—Oh, ¿insinúas que no somos capaces de ayudar? Vaya que eres un maleducado, Gabriel —le respondió Jofiel molesto.

Zadkiel se acercó para jalarle de las mejillas. —Exacto, deberías ser más agradecido con el hecho de que te vamos a ayudar con tu "pequeño desliz".

Uriel le entregó sus pertenencias a los ángeles ayudantes para que las llevarán al cuarto donde se iba a quedar. —Todavía que fuiste el que dejó un bebé en el vientre de Miguel y te quejas.

Chamuel no pudo contener una risa al ver como lo estaban tratando. —¡Jajajaja! Tremendo regaño te están dando todos.

—Mira, en cualquier otra situación hubiera traído a mis ángeles ayudantes, pero esta vez no hablamos de cualquier embarazo angelical, hablamos de Miguel. El príncipe de todos nosotros, preferiría que esto se mantuviera como algo más privado.

Gabriel se soltó del agarre de Zadkiel y masajeó sus adoloridas mejillas. —Ugh, lo entiendo, ¿pero al menos tienen algo de experiencia atendiendo una puesta?

—No, pero he consolado a muchos ángeles que se sienten temerosos de ser madres —mencionó Zadkiel casualmente.

Jofiel fue el segundo en hablar. —Yo he conocido a algunas parejas de ángeles que han tenido hijos. ¡Los angelitos son tan lindos! Estoy seguro que si nosotros hubiéramos sido bebés también habríamos sido encantadores.

Gabriel miró a Rafael con una expresión que denotaba su duda al respecto de tenerlos a ellos como ayudantes. El arcángel sanador solo se encogió de hombros y se acercó para murmurar en voz baja. —No te preocupes, ya me encargaré de educarlos.

—¿A qué se debe todo este ruido?

Los arcángeles voltearon a Miguel que parecía recién despertado y todavía se frotaba los ojos para quitarse el sueño. —¿Eh? ¿Qué hacen todos aquí?

Los cuatro arcángeles corrieron hacia él y lo atraparon con preguntas sobre su estado.

—¿Te sientes bien? ¿No tienes mareos?

—¿Tienes antojo de algo? ¡Te traeré lo que quieras!

—¡Un masaje es lo que necesitas, ya has de sentir el peso de esa barriga!

—Cualquier cosa que tengas que hacer hoy solo dímela yo la haré por ti.

Rafael aplaudió y sus amigos voltearon a verlo. —¡Ustedes qué piensan! Miren nomás como tienen a Miguel, apenas se va levantando y ya lo están cansando con tanta palabrería. 

Se acercó tranquilamente a su agobiado líder para tomar sus manos y llevarlo a un cuarto a parte, seguido por los otros ángeles que ahora iban en silencio. Gabriel se adelantó y lo guió a un cuarto donde había una bonita sala donde sentaron a Miguel en uno de los sillones.

—Mucho mejor, ahora sí, ¿cómo te sientes esta mañana? Te ves bastante cansado para estar recién despertado.

—No es nada, es solo que anoche Gabriel y yo nos quedamos despiertos hasta tarde charlando, igual que cada noche en esta semana.

Rafael pareció espantado con esa respuesta. —Ustedes dos si que son inconscientes, Miguel, no puedes desvelarte así, no es bueno para ti.

—¿Cuál es el problema? Nosotros no necesitamos dormir, somos espíritus incorpóreos, no necesitamos dormir de manera regular.

El ángel sanador rodó los ojos como hartazgo. —Por este tipo de cosas le digo al altísimo que unas clases de cuidado personal no dañarían a nadie, pero confía demasiado en la razón de todos ustedes. Muy bien, siéntense los seis, les voy a dar una muy merecida clase de sobre la reproducción angelical.

—¿Nosotros también? Pero si el panzón es él —dijo Chamuel señalando al ángel pelirrojo.

—Solo siéntanse quieren. No quiero tener que pasar por esto con algún otro de ustedes —su mirada se centró de reojo en Uriel.

—¿Y tú por qué me ves?

—Porque no quiero que un día Raguel llegué a mi puerta diciendo que te hizo un hijo, así como pasó con Gabriel. Ahora ya que todos están más calmados empecemos.

Rafael se aclaró la garganta y comenzó a hablar. —Como ya sabemos, nosotros como espíritus celestiales no tenemos genitales y tampoco deseos carnales. Pero cuando dos ángeles se quieren mucho pueden mantener relaciones como una forma de mostrar confianza y amor por el otro al preocuparse únicamente por su disfrute antes que por el propio. Lo normal en estos casos es darse de manera temporal unos genitales y un aparato reproductor para mayor comodidad, por lógica este aparato es totalmente estéril pero algunos ángeles son demasiado ansiosos para pensar en eso.

Miguel y Gabriel se encogieron en su lugar al sentirse nuevamente regañados.

—En estos casos se traduce en un montón de inconvenientes para el ángel que tuvo un papel receptor en el acto. Pues la unión de la pareja hará que un pequeño destello crezca en su interior cuando su óvulo fecundado dé paso a un cigoto. Por cierto, esto no es ninguna, en estos momentos el interior de Miguel ha de estar brillando.

Los seis arcángeles lo miraron a él y luego al vientre de Miguel, buscando cualquier rastro de luz.

—No verán nada aunque lo intenten, solo es visible cuando estamos en nuestras formas de luz pero es más cómodo para la madre estar en su apariencia parecida a la de Adán. Como sea, la gestación de los ángeles dura diez meses y cuando se llega al décimo mes llega el tiempo de la puesta donde el ángel entrará en trabajo de parto y pondrá un bonito huevo de textura gelatinosa y transparente que permitirá ver el bonito destello del futuro ángel que emergerá de él en los siguientes dos meses, básicamente es un proceso que dura un año humano. ¿Alguna pregunta antes de pasar a la siguiente parte de la explicación?

Uriel levantó la mano. —Solo por curiosidad, ¿hay alguna forma de que un ángel en cinta pueda deshacerse del producto?

—No realmente, un embarazo angelical no es igual que un embarazo humano, los cuales desde siempre han tenido diversas formas de terminar un embarazo pues el bebé crece de forma independiente a la existencia de la madre. En el caso de los ángeles esa lucecita que lleva Miguel dentro de él ya es parte en sí de su ser y está fusionado con su espíritu.

A Jofiel lo recorrió un escalofrío. —Si lo dices así solo puedo imaginarlo como algo bastante molesto, como un chicle pegado al cabello.

—En realidad esa es una forma bastante precisa de visualizarlo. Si ya no hay más pregunta continúo, durante estos diez meses en ángel encinta pasará por varios cambios. Normalmente los ángeles no necesitamos comer o dormir y cuando lo hacemos es por mero gusto, pero cuando un ángel lleva una pequeña luz en él este va a sentir necesidades parecidas a la de los humanos, fatigas, antojos, dolores y cosas así, todo un lío, por eso a los ángeles que quedan embarazados se les quitan las alas, ya van a pasar por mucho para a parte de todo eso tengan que cargar también por el peso de sus alas.

Jofiel parecía horrorizado al oír todo eso. —Oh Dios... Gabriel eres un absoluto monstruo por hacerle eso a Miguel...

—¡Pero si no lo hice a propósito! —La mirada juzgadora de los cuatro ángeles no se apartaba de él y eso lo ponía bastante tenso.

—Por favor amigos, no sean tan duros con él. El desliz también fue mío y, honestamente, estoy bien con eso, aunque suene demasiado pesado estoy dispuesto a pasar por eso para traer al mundo un pequeño espíritu fruto de nuestro amor.

Miguel se veía genuinamente feliz mientras hablaba y acariciaba su vientre con ternura. Estaba contento de solo pensar en que había un pequeño rayo de luz en su vientre. —Me preguntó qué forma tomará al nacer, sería muy lindo si se pareciera a Gabriel —soltó junto a una pequeña risita.

—Oh, Miguel —Zadkiel no se contuvo y lo abrazó con fuerza— definitivamente eres un ángel tan bueno, juro cuidar de ti durante estos meses venideros. Y tú —dijo apuntando a Gabriel— más te vale tratarlo con el cariño que se merece ahora que está cargando con tu hijo.

—¿Por qué ahora me tratan como al alma de un pecador que murió sin arrepentirse? 

—Solo dales tiempo Gabe, ahora la noticia sigue siendo mucho por procesar para ellos.

—También lo es para ti —le recordó Uriel— y aún así eres el más tranquilo de todos, como siempre en realidad.

—Muy bien si ya terminaron de hablar, será mejor que dejemos a Miguel descansar. Y más te vale no quejarte, Miguel, nosotros nos encargaremos de todos los deberes —afirmó Rafael con orgullo. 

Los arcángeles obedecieron y se levantaron para retirarse, aunque Gabriel no se paró sin antes darle un beso en la frente a Miguel. —Prometo aprender todo lo posible para cuidar de ambos.

—Se que lo harás, siempre he confiado en ti para cuidar mi espalda.

Chamuel sonrió con ternura al verlos. —Ustedes son unos lindos tortolitos. 

La situación era un desastre en varios niveles, si, pero eso no podía arruinar la felicidad que Gabriel y Miguel sentían por la idea de tener un hijo de ambos. Y sus amigos sabían perfectamente que serían unos padres maravillosos. 

Notes:

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