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La tripulación

Summary:

Jolyne estaba por dejar su hogar, pero cuando ya habían dejado de ver la costa su barco fue atacado por piratas.

Notes:

Tenia esto escrito desde hace un mes ya que esta idea la tenía atorada desde antes, pensaba escribirlo como one shot pero decidí que mejor fuera una historia multi-chapter

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Se habían alejado demasiado de la costa. Jolyne ya no podía ver el puerto desde el cual dejó Holanda, junto con toda su vida.

Sabía que era por su bien, o al menos eso le había repetido su madre cada noche mientras la sostenía en brazos, para evitar que ella cayera en la desesperación al ver como su vida se caía a pedazos. Había sido una mala racha de varios años, cargamentos que se perdían en el mar, tratos que no llegaban a ninguna parte y pérdidas que se acumulaban cada día.

Su familia, que durante generaciones se dedicó al comercio, empezó a caer en la ruina y su madre, desesperada, decidió mandarla a Japón para que viviera con su padre, Jotaro Kujo.

Un hombre que conocía por nombre y por cartas esporádicas que le enviaba desde Asia, pero nunca lo había visto, no sabía nada de él, ni siquiera su madre tenía muchas anécdotas que contar de él. Ella sabía que su madre no conocía demasiado a su padre, solo se había visto un par de veces mientras ella acompañaba a su familia para entregar mercancía, una ventaja que solo Holanda poseía, al poder comerciar con Japón.

—Y ahora tengo que ir a vivir con un hombre que solo donó su semen para engendrarme, ni siquiera cuenta como un padre para mi.

Dijo con un vocabulario poco apropiado para una joven de su estatus, pero le daba igual, estaba demasiado cansada para preocuparse por los modales, solo quería cerrar los ojos y dormir un poco.

Se recostó en la cama de su cómodo camerino, intentando no caerse de la cama con el movimiento del barco y maldiciendo por dentro, hasta que finalmente pudo entregarse al sueño.

 


 

Los disparos la despertaron de golpe. Era demasiado alboroto para ser ignorado, aún mareada pudo identificar varios sonidos, gritos y disparos fue lo primero que pudo diferenciar, luego las explosiones fuertes, ¿estaban encendiendo dinamita?

Y pisadas, unas pisadas firmes que se acercaron a su camerino.

Jolyne se quedó paralizada por el miedo cuando la manija de su puerta se movió, dejando pasar a una persona que no reconoció como parte de la tripulación.

Era una mujer.

Era morena, de cabello negro trenzado y unos ojos amarillos que la miraban como si hubiera dado con un tesoro.

—¿Eres Jolyne Kujo? Te lo pregunto porque de eso dependerá si sales viva de esta.

La joven comenzó a sudar frío ¿qué significaba eso?

Tragó en seco y avanzando lentamente. —Si... soy yo...

El rostro de la mujer se ilumina. —¡Se notaba! Ese vestido que llevas no es de una viajera ordinaria —se acercó a ella rápidamente, quedando casi cara a cara—. Ahora vienes conmigo.

No le dio tiempo a responder, la mujer la puso contra la cama y la hizo alzar sus brazos para atarlos.

—¡¿Qué crees que haces?! ¡Basta de encima!

—Ash, las ricas como tu gritan como si las estuvieran matando por todo.

De su bolsillo sacó dos trozos de tela, uno se lo metió en la boca a Jolyne y con el otro le cubrió la boca para que no pudiera escupirlo.

—Mucho mejor, ahora vámonos de aquí, que te necesitamos en nuestro barco.

Sin mucho esfuerzo la cargó en sus brazos y salió corriendo mientras Jolyne se relajaba y se retorcía. Al salir a la cubierta la joven quedó impactada por lo que veía.

El barco había sido demolido, había huecos en el suelo, las velas empezaban a consumirse por las llamas y un montón de personas, hombres y mujeres, atacaban a la tripulación que a penas y podía defenderse.

Piratas, tenían que ser piratas.

—¡Tengo a la chica, larguémonos de aquí! —gritó su secuestradora.

Las personas gritaron victoriosas y se movieron hacia su barco, que estaba demasiado cerca del barco que debía llevarla con su padre.

La mujer corrió con ella en brazos y de un salto subió a la que debía ser la nave de los piratas. Izaron las velas y el barco comenzó a avanzar, dejando atrás al otro barco a su suerte.

Jolyne estaba aterrada, miraba a su alrededor de un lado a otro, dándose cuenta que todos la miraban. Un hombre de cabello blanco y ojos azules; una mujer de cabello corto y negro; otro hombre de largo cabello rosa y ojos del mismo color.

Pero la que estaba más interesada en ella, era una mujer de cabello verde demasiado corto. Era, de lejos la que vestía de manera más "formal", si es que se puede llamar así al atuendo de un pirata. Y por la forma en que todos se movían aún lado para dejarle pasar, se atrevió a asumir que era alguien muy importante en la tripulación.

—Bien hecho, Eldis, fue más rápido de lo que esperaba —la mujer el tomo por la barbilla, para mirarla a los ojos—. Para ser de familia acomodada, te dejaron sin mucha protección, si que son confiados.

—Tal vez se gastaron todo el dinero en convencer al gobierno japonés de que la dejen desembarcar aún con la prohibición contra el extranjero —se burló la mujer morena.

—Quisieran, estos mercaderes tienen tanto dinero y aún así se dan el lujo de ser tacaños. En fin, Annakiss, llévala a la bodega.

—Y yo ¿por qué? Eldis ya la tiene en sus brazos, que la lleve ella.

—Precisamente por eso, yo ya hice todo el trabajo, pesado te toca a ti aportar algo. Ahora piensa rápido.

Eldis arrojó a Jolyne hacia Annakiss, que se movió rápidamente para atraparla antes de que cayera. Jolyne quedó tensa después de ser arrojada como un balón, miró al hombre desconocido que ahora la sostenía en brazos... y comenzó a agitarse más asustada que antes.

—¡Oye, oye, quédate quiet-!

El hombre no pudo terminar de hablar, pues la joven aprovechó que tenía las piernas libres y logró darle un golpe en la mejilla con su rodilla, provocando la risa de la tripulación.

—¡Perra! —gritó furioso—. ¡El tiempo, átala de una vez!

El hombre de pelo blanco que Jolyne había visto antes de acercarse, era mucho más alto de cerca. Jolyne siguió pataleando, pero el la sujetó con una firmeza que le hizo imposible moverse más antes de que comenzara a atarla.

—Eldis, ¿por qué no la ataste de piernas? —preguntó el hombre en voz baja, pero aún audible.

—No lo vi necesario, estaba lo suficientemente perpleja como para ser manejable, además, contaba con que FF lo mandara a él a llevarla al cuarto de prisioneros.

—¡Eres una hija de puta, que lo sepas! —le gritó el hombre de cabello rosa.

—¿En serio? Entonces puede que seamos hermanos —le respondió con burla.

—Sí, sí. Suficiente, los dos, no perdamos más tiempo, hablaremos de esto luego. Solo llévatela de una vez, Annakiss.

El hombre obedeció a regañadientes. Se movió al interior del barco, bajando hasta la parte inferior del barco, donde estaba la bodega donde guardaban el botón.

—Bienvenida a tu nueva casa —dijo con sarcasmo, antes de arrojarla al suelo de madera, Jolyne se quejó por el dolor del golpe—. Ahora estamos a mano. En un rato bajarán los demás para dejar el resto de cosas, si te gusta seguir respirando más te vale no volver a intentar una estupidez como la de antes.

Y con esa advertencia cerró la puerta de golpe.

Notes:

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