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Princesa Anastasia

Summary:

Anasui murió en la pelea final contra Pucci, ni siquiera tuvo oportunidad, pero en vez de terminar en el infierno como cabría esperar, despierta como una versión femenina de si mismo, que además resulta ser una princesa de verdad.

Es como la versión distorsionada de las películas lasicas de Disney que tanto ama.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

El agua a su alrededor se teñía de rojo por su sangre, si visión estaba cada vez más borrosa, pero era suficiente para identificar que todo se había ido oficialmente al diablo.

Pucci los había atrapado, a todos ellos, incluso Jotaro ahora estaba con la cara partida en dos, Ermes también había caído y Jolyne parecía que se había hundido en el agua. Y en medio de todo Emporio estaba temblando aterrado.

De haber podido, se hubiera arrastrado hacia él para intentar protegerlo una última vez con su cuerpo, pero ya no podía hacer nada, Emporio estaba a su suerte.

"¿Eso es todo? ¿Nada de esto valió la pena?", se preguntó para sus adentros.

Aunque incluso su voz interna perdía fuerza.

"Mi plan de recibir el primer golpe, fue un fracaso. El poder de detener el tiempo de Jotaro, fue inútil. El esfuerzo de él..."

La imagen de Weather apareció opaca en su mente. No era una imagen halagadora, era Weather con esa expresión dura pero ojos cansados que tenía la última vez que lo vio, cuando le pidió que lo matara.

"La lucha de Weather, su muerte... fue en vano..."

La oscuridad se apoderaba de su visión, ya ni siquiera podía sentir el agua agitarse a su alrededor.

"Vaya mierda... casi hubiera preferido quedarme en la prisión... Al menos con Weather y Emporio me sentía vivo... creo"

Y entonces todo desapareció. No hubo luz al final del camino, no había fuego quemando cu cuerpo o arpas tocando para él, solo el vacío.

Hasta que hubo una voz a lo lejos.

"... Ana... tasia..."

La voz empezó siendo lejana, pero se fue acercando más y más, hasta ser totalmente clara y entendible.

"¡Anastasia!"

El repentino grito resonó como el eco de una cueva en su cabeza, provocándole dolor. Frunció su expresión pero sus párpados se abrieron como si pasarán una tonelada. El brillo cegó a Anasui por un momento.

—¡Increíble, se ha quedado dormida a plena clase, otra vez! —gritó una mujer enfrente de él.

—... ¿Qué?

—No debería sorprenderme, viniendo de la joven que decidió cortarse casi todo su hermoso cabello porque "le incomodaba", que barbarie.

Anasui estaba demasiado adolorido y confundido para decir algo o al menos mandarla al carajo. La mujer tampoco parecía tener muchas ganas de seguir discutiendo.

—Terminaremos la lección por hoy, pero mañana estudiaremos el doble para reponer todo el contenido que no vimos por su falta de compromiso —dijo mientras tomaba sus cosas y se dirigía a la puerta, antes de detenerse y mirarlo—. Le recomiendo que se enfoque más, a este paso nunca encontrará un buen hombre con quien continuar el linaje.

La puertas sonaron al cerrarse tras ella, dejando a Anasui solo.

—... ¿Qué carajos?

Anasui miró a su alrededor, no reconocía el lugar, pareció una biblioteca, con altos estantes llenos de libros con detalles dorados. Ventanales con las cortinas abiertas dejando entrar la luz del sol, iluminando los muebles tan pulidos que reflejaban esa luz.

Como pudo se puso de pie, apoyándose de la mesa frente a él. Caminó por la habitación, pasando sus dedos por encima de cada objeto y superficie, para asegurarse de que fuera real. Y lo era, podía sentirlo en la yema de sus dedos.

—No... tiene sentido. Yo estaba básicamente muerto.

Al hablar se detuvo en seco, su voz sonó distinta en sus oídos, más aguda, femenina.

Bajó la mirada y sus ojos se abrieron con horror, llevaba un vestido encima, parecía sacado de un sueño cursi, lleno de lazos y volantes. La falda era demasiado voluminosa y un corsé se ajustaba perfectamente a su torso sin asfixiarlo.

Pero lo peor, tenía volumen extra en su pecho, no demasiado, pero estaba claramente ahí.

Anasui se movió rápidamente, buscando desesperadamente un espejo entre los libros. No había ninguno, pero si había una charola pulida en la que descansaban unas frutas de cera, que terminaron el el piso cuando sostuvo la charola frente a su cara.

Pero no era su rostro, al menos no el que se veía siempre en los sucios espejos del baño de la prisión. Era el rostro de una mujer joven, de ojos grandes y rasgos más finos, pero también era innegable la similitud con su cara real. Su cabello rosa estaba ahí, pero más corto, por encima de los hombros. Y sus ojos morados estaban abiertos con puro horror.

Un grito escapó de sus labios al echarse para atrás, cayendo al suelo.

Unos pasos rápidos se escucharon por el pasillo y la puerta se abrió de golpe. —¡Princesa Anastasia! ¡¿Le ha ocurrido algo?!

Hombres vestidos como caballeros estereotipicos entraron corriendo a la biblioteca, rodeándolo en un círculo con sus espadas desenfundadas hacia afuera. El mas mayor de ellos se le acercó preocupado.

—Princesa, ¿está herida? ¿Qué le ha hecho gritar así?

El hombre extendió su mano hacia él pero Anasui le dio un manotazo. —¡Aléjate de mi cabrón, no me toques!

Él no pareció inmutarse por su reacción, como si no fuera la primera vez que recibía esa reacción agresiva de su parte. Miró el desorden en la habitación y pareció llegar a una conclusión.

—Ah, ya veo, otra vez se ha tropezado. Debería ser más cuidadosa, princesa.

—¡Deja de llamarme princesa imbécil! —gritó Anasui.

—No puedo cumplir esa orden, no puedo llamarla por su nombre de Anastasia aunque quisiera. Muchachos escolten a la princesa a sus aposentos.

Los dos caballeros más cercanos lo tomaron por los brazos y lo sacaron de la biblioteca.

—¡¿Qué creen que hacen?! ¡Suéltame! —se agitó para intentar liberarse pero fue en vano, hasta que recordó a su stand—. Muy bien idiotas, estoy harto ¡Diver Down! —exclamó en voz alta.

Pero no pasó nada, su stand no apareció. Los caballeros no se inmutaron ante su expresión de desconcierto y siguieron caminando hasta unas enormes puertas doradas. Las abrieron con sus manos libres y le dieron un ligero empujón hacia el interior.

—Puede esperar hasta que sus pensamientos se aclaren, llame a la servidumbre si desea comer en su habitación.

Y con eso se fueron, dejándole solo en una amplia habitación.

—¡U-un momento! —Anasui tomó la manija de la puerta, pero al abrirla ya no había nadie, solo un largo pasillo solitario.

Su corazón cayó a su estómago, volvió a cerrar la puerta, sintiéndose perturbado y con un solo pensamiento en mente.

"Tengo que desarmar algo"

Se dirigió a la cama, moviendo el enorme colchón para desmontar la base, pero se encontró con que no tenía clavos ni nada, era como si hubiera sido tallada en una sola pieza.

Se dirigió a un estante y fue lo mismo, no había nada que desmontar, la madera había sido trabajada en una sola pieza. Lo mismo ocurrió con la cajonera, las mesitas de noche. Incluso el clóset no tenia piezas que desmontar para al menos separar la puerta.

—¡¿Cómo mierda haces las puertas de un clóset sin bisagras?!

Estaba cada vez mas frustrado, se dirigió al peinador y lanzó insultos al ver que era lo mismo, no podía desarmarlo, es como si todo en esta habitación fuera a prueba de su compulsión por desarmar.

Se miró en el espejo y fue patético. Su nueva cara de mujer estaba arrugada en una expresión de pura rabia, incluso él pensó que se venía fea. Pero eso sirvió para calmarlo un poco, dando paso al cansancio.

—... ¿Qué está pasando?

Se pasó las manos por su cabello corto, nada de esto tenía sentido. Debería estar muerto, su cuerpo siendo comida para peces, pero aquí estaba, en un lugar extraño, con gente desconocida y un cuerpo que no reconocía como suyo.

Cuando estaba a punto de gritar otra vez con su cordura colgando de un hilo, vio algo en el reflejo del espejo, un baúl bajo la cama.

Ya sin nada que perder se acercó, ya sin esperar algo, no tenía cerradura, otra cosa que no podía desmontar. Pero al abrirlo sus ojos se abrieron con una sorpresa casi alegre.

Estaba llena baratijas de múltiples piezas.

Ni siquiera parecían ser objetos de uso real, eran más como basura ensamblada para tener todas las piezas posibles. Algunos objetos eran pequeños con piezas diminutas, otros mas grandes con incluso engranajes unidos entre si.

Anasui no lo pensó dos veces, comenzó a desarmarlo pieza por pieza, colocándoles en un orden que, a sus ojos, era relajante.

Terminó por vaciar la caja y dejar todas las piezas apiladas a su alrededor como si fuera un campo de flores, pero en vez de rosas o tulipanes eran pequeños objetos metálicos.

Suspiró satisfecho, su mente ahora se sentía un poco más clara que antes, solo entonces cayó en cuenta que un baúl así desentonaba con la lujosa habitación. ¿A caso era específicamente para sus impulsos? ¿La chica a la que pertenecía este cuerpo también tenía su misma obsesión?

Era demasiado específico. Las similitudes físicas eran una cosa, pero esto era otro nivel. —... ¿Reencarné como una versión alternativa de mi mismo?

Un escalofrío recorrió su cuerpo. No, definitivamente murió y ahora está en un infierno demasiado lujoso, eso era más lógico que la idea de volver a la vida como la versión femenina y ricachona de si mismo.

Se levantó del suelo y caminó de nuevo hacia el espejo en el peinador, mirándose con más calma. Definitivamente, era parecido a como era antes, pero indudablemente era una mujer. Era mas bajo ahora y ya no tenía los músculos que había trabajado en prisión, en cierta forma, le recordaba a como se veía cuando aún estudiaba en la universidad antes de ser arrestado, delgado y con piel suave.

Volvió a enfocarse en su vestido, se notaba que era caro y, honestamente, era bastante bonito.

"¿De verdad es de una princesa?", pensó. "Yo... ¿ahora soy una?"

Su memoria lo llevó a cuando era niño, sentaos frente a la única televisión que no había desmontado, porque era donde reproducía los VHS con las películas de Disney y quedaba maravillado con sus dulces historias de amor y aventuras. Dejándolo suspirando y soñando con un amor así, él siendo el príncipe que encuentra su princesa y viven su felices para siempre.

—Que ahora yo sea la princesa parece ser la última patada en los huevos de parte de la vida. —se quejó, pero aún así giró frente al espejo, dejando que el vestido se agitara con su movimiento.

Una sonrisa tonta se escapó de sus labios. Le recordó a como el vestido de Bella se movía mientras bailaba con la Bestia. De hecho su vestido era un poco similar al de Bella, pero de un tono rosado como el vestido de Aurora, era muy lindo.

Anasui se abofeteó a si mismo, sacándose de sus ensoñaciones. —¡Concéntrate! ¡Esta es una situación estúpida pero no puedo bajar la guardia!

Comenzó a caminar por la habitación, con el suficiente cuidado como para no tropezar con las piezas en el piso.

—¿Será obra de Pucci? ¿Su stand puede crear también ilusiones? Tal vez solo me atrapó en un sueño.

Las ideas eran variadas, pero ninguna cuadraba, esto era real, definitivamente lo era.

Unos golpes en su puerta lo hicieron saltar del susto.

—¿Princesa, se encuentra mejor? Le he traído la comida.

Anasui dudó un segundo antes de hablar. —S-si, estoy mejor... creo.

La puerta se abrió con suavidad y una criada entró. Miró el desorden de la habitación y solo sonrió con resignación.

—Otra vez los impulsos, y parece que hoy fueron mas grandes que de costumbre.

—Si... ¿Hace cuanto no lo hacía? —preguntó Anasui, intentando fingir que sabía algo de los días antes de este.

—Creo que como dos semanas, hubieran sido más pero rompió su racha de tres semanas cuando desmontó el carruaje.

Como pudo acomodó el carrito con la comida en un espacio que no estuviera ocupado por las piezas en el suelo.

—Como sea, la comida esta lista. Parece que estaba teniendo un día abrumador, así que los chefs hicieron su postre favorito para acompañar su comida. Una carlota de limón, pero el plato principal es pato a la naranja.

—Ah... Gracias, definitivamente tengo ganas de ese rico postre —mintió.

Anasui no tenía postre favorito, nunca tuvo preferencia fijas en la comida, por eso se adaptó bien a la basura que servían en prisión. Ni siquiera sabía que carajos era una carlota de limón.

Aún así la mujer le sonrió. —Me alegra oír eso, princesa. La dejo para que disfrute de su comida, ah, y no se preocupe, no llamaré a las demás criadas para que recojan las piezas, se que también le gusta volverlas a unir en distintas formas.

La mujer se retiró con una reverencia y Anasui sintió que volvía a respirar. Se acercó a la cama y volvió a acomodar el colchón aunque ahora estuviera con las mantas arrugadas o en el suelo, eso no le impidió tumbarse poca abajo antes de soltar un grito ahogado contra el colchón.

—Maldita sea, es real, todo esto es muy real.

No sabía que era peor, eso o que pudiera ser obra de Pucci, aunque si fuera resultado de las acciones del sacerdote por lo menos podría intentar darle un puñetazo en la cara.

Su estómago rugió, haciéndole saber que la princesa "original" no había comido en un buen rato y ahora era su problema. Volteó a ver el carrito con la comida, se veía bien y olía aún mejor. Sin mucho más que hacer acercó el carrito a la cama, para comer sentado.

Primero le dio un bocado al pato y joder, era buenísimo, tomó otro trozo y otro más, antes de que se diera cuenta se había terminado la pechuga y de las patas solo dejó los huesos. Ahora quedaba el dichoso postre.

Tomó los utensilios más pequeños, no porque le preocupara la etiqueta, sino porque no iba a mezclar el sabor de la carne blanca con un maldito dulce. Partió un trozo pequeño y se lo llevó a la boca.

—¡Maldita sea, es riquísimo! —sostuvo el plato del postre y comenzó a comerlo como si no acabara de devorar medio pato, pero era tan dulce y cremoso que no pudo evitarlo.

Al terminar dejo caer el plato en el carrito y se tumbó de espaldas.

—Si esto es lo que recibo por gritar y actuar como un loco no esta nada mal, mejor que los tasers de los guardias de la prisión.

Claro, eso no borraba el hecho de que ahora era una mujer y no tenía ni puta idea de que hacer para volver a la normalidad. Pero con el sabor dulce con un toque ácido aún en la boca, decidió que podría preocuparse por eso más tarde. Entendía perfectamente porque esa princesa le gustaba la carlota de limón.

Notes:

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