Un suave canto llenaba la habitación. Fengxian colocaba las piezas de Go encima del tablero, no tenía con quien jugar ese día pero no importaba. Lo hacía solo para recordar al hombre que nunca se enojaba cuando ella ganaba cada partida.
—Seis meses... —murmuró, dejando de cantar—. Tiempo más que suficiente para que sea evidente y mi valor baje.
Llevó su mano a su vientre, aún plano, pero donde sabía que ya se gestaba el fruto de esa única noche que compartieron.
—Cuando regrese escogeremos juntos un nombre apropiado para ti.
Retomó entonces su canto, segura que pronto Lakan volvería