Fugo tenía una idea concreta de Giorno. El joven perseverante que se había convertido en un líder digno de ser seguido hasta el fin del mundo.
Pero esa tarde Giorno estaba recostado contra él, durmiendo con una tranquilidad que se reflejaba en su rostro.
—No pareces el jefe de una mafia...
Y era verdad, Giorno parecía solo alguien muy cansado, que solo quería dormir junto a su pareja.
Era lo opuesto a como Fugo lo veía, pero lejos de sentir decepción, se sintió el hombre mas afortunado del mundo.
Fugo se inclinó para besar su cabeza, sonriendo. —Te amo, GioGio.