El reino de Paimon estaba fuera de lugar en el infierno. Estructuras brillantes y demonios que se movían a paso idéntico.
Tal como le gustaba. Ver desde el balcón del palacio el orden que había impuesto a todos aquellos que decidieron seguirlo como su rey era placentero.
—Aunque el orden puede ser aburrido... —dijo a la nada.
A veces necesitaba un caos que arruinara su perfección a propósito.
—Debería de visitar a Luzbel —una sonrisa pícara cruzó su rostro—. Seguro está vuelto loco porque no estoy a su lado.
Y era ese carácter explosivo de Lucifer lo que tanto amaba.